Opinión

Mutear es poner un freno al desenfreno

Carlos Terrones redactó un interesante artículo sobre la palabra "mutear".

Por: Carlos Terrones

Así como el COVID-19 vino a quedarse en nuestra nueva normalidad, la palabra mutear también se ha instalado en nuestra conciencia social-educativa del 2020. Y es que no hay reuniones de amigos, clases virtuales o juntas de trabajo donde no hayan muteado a más de un entusiasta hablador.

Una de las reglas de oro en las plataformas virtuales Zoom y Meet, donde las múltiples pantallitas asemejan a un salón de clases, es que a cualquiera no se mutea, sino a los revoltosos, a los rebeldes, es decir, a cada uno de nosotros, porque con esta pandemia impuesta por un bicho que nos ha metido en casa a todos, las personas necesitan ―de vez en cuando― dar un grito de libertad y desahogarse. Mutear, en épocas de coronavirus, es poner un freno al desenfreno.

En mis clases de periodismo he escuchado más de una vez a mis alumnos ―en modo de turba― pedir que muteen a quien deja encendido su micrófono y permite que escuchemos la intimidad de su hogar. “Profe, mutéelo”, es el pedido unánime de las pantallitas. El confinamiento puede sacar nuestro lado más visceral. Por ello, mutear a veces puede convertirse en una dictadura e intolerancia a través de un clic.

En mis clases de periodismo he escuchado más de una vez a mis alumnos ―en modo de turba― pedir que muteen a quien deja encendido su micrófono y permite que escuchemos la intimidad de su hogar.

Y en estas aplicaciones para reuniones virtuales no solo entran o salen imágenes, sino también audios, la bulla, el “sonido ambiental” de casa, llámese: los alaridos de los niños ―y la mamá cocinando―, los “caraj*%s”, el “shuuu, estoy hablando con mis amigos”, el “cállense la boca” y hasta cuando se pelean las mascotas. En otras palabras, mutear es como controlar nuestro soundtrack casero.

A pesar que la Real Academia Española (RAE) no acepta ―todavía― la palabra mutear, considero que deben incluirla en su lista de nuevas palabras utilizadas este año por su masivo uso en entornos virtuales a nivel global.

Mutear deriva del verbo inglés to mute, que en español ha sido empleado para silenciar los micrófonos o apagar los audios. Sin embargo, en estos meses de pandemia, el término mutear ha estado en todo su apogeo en conversaciones informales (y formales).

En Perú, mutear era también la acción de poner mute en el control remoto para silenciar al narrador deportivo de televisión ―que a veces no era muy bueno― y escuchar al popular locutor Elejalder Godos en radio Ovación con su conocida frase “cuarenta minutos”.

Qué distante era escuchar el sonoro “silencio, por favor” del bibliotecario belga Hendrich, quien se acercaba sigilosamente a los alumnos para gritarnos ―casi al oído― esas palabras con una cadencia pasmosa a los bulleros que íbamos a la biblioteca de la Facultad de Comunicaciones de la Universidad de San Martín de Porres, a fines de los 90. Hendrich era quien nos muteaba en aquellos tiempos. Un adelantado a la época.

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